Sara Giménez (Torrubia, Soria. 1958)
Doctora en
Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia.
Perito ceramista por la Escuela de Cerámica de Manises.
Valencia.
EL SUEÑO
DE LA RAZÓN
FRANCISCO CALVO SERRALLER
En la ya dilatada trayectoria de la escultora Sara Giménez
ha habido una permanente preocupación por lo simbólico,
que podría tomar la forma ancestral de elementos arquitectónicos
míticos, como la columna, el monolito, la estela, la puerta
o el aljibe, pero que también atrapaba imágenes
arqueológicas de la memoria arcaica, que no sólo
hay que situar en los tiempos míticos de las culturas prehistóricas
o de la Edad Antigua, sino en toda suerte de épocas oscuras,
donde lo legendario se impone al dominio de la razón clásica,
como, por ejemplo, en la Edad Media occidental u oriental. En
la todavía reciente retrospectiva itinerante de su obra,
que inició su recorrido el año 2000 por varias ciudades
de Castilla-León, Sara Giménez expresó muy
bien ese talante que subyace a su escultura con el título
de "Escultura intemporal", marcando así su voluntad
de habitar en esos márgenes nocturnos de la radiante temporalidad.
En el catálogo de dicha exposición, escribí,
por mi parte, un texto, que titulé "Excavación",
donde trataba de explicar el sentido moderno y posmoderno de este
atravesar el pasado histórico por parte de Sara Giménez
hasta emplazarse en los márgenes legendarios del tiempo,
asi como su dimensión fabulosa, que es la forma narrativa
con que esta escultora extrae el sentido a lo simbólico,
forma y contenido. Pues bien, entre las últimas piezas
que cronológicamente culminaban esa exposición,
ya muy centrada en las manifestaciones vernáculas de la
cultura medieval de nuestro país, Sara Giménez ya
anunciaba su interés por el universo fantástico
de El Bosco, un artista que incrustó el espíritu
de la Edad Media en el corazón del mundo moderno y que,
como tal, ha mantenido su vigencia durante el siglo XX y mantiene
su fascinante atracción hasta la actualidad.
En cierta medida, por todo lo antes comentado, no hace falta conocer
al detalle la trayectoria de Sara Giménez para considerar
que su encuentro con el genial maestro flamenco entraba dentro
de lo previsible. De todas formas, estas citas o encuentros en
el tiempo son saltos, cuya mayor o menor previsibilidad literaria
requieren, no obstante, una resolución plástica,
que es ella misma, de suyo, por naturaleza, imprevisible. Y esto
es lo que ha ocurrido con la serie de figuras que Sara Giménez
ha plasmado a partir de su personal diálogo con El Bosco,
cuya peculiar trama conversacional ella ha explicado en los textos
que las acompañan, un poco con la intención de desvelar
las claves simbólicas, que, de esta manera, no son ya simplemente
lo que los especialistas dicen al respecto, sino, necesariamente,
lo que estas interpretaciones afectan a la visión del mundo
imaginario de esta escultora. Pero hay más: la novedosa
forma plástica como Sara Giménez ha visualizado
estos iconos del mítico universo fabuloso de El Bosco,
porque, entre otras cosas, ha irrumpido el color pigmentando el
alambicado perfil de estas criaturas fantásticas, que toman
así una apariencia como de animado bestiario actual. Esta
forma de revolver el tiempo deviene así una curiosa deambulación
por la que el pasado legendario se confunde con el presente, demostrando,
una vez más, que el sueño de la razón, ayer
y siempre, convierte lo monstruoso en rabiosa actualidad multicolor,
un jardín de las delicias de la fantasía, que no
olvida que el principio de los tiempos tiene también un
final, el cual tiene que ver tanto con el juicio como con la simple
locura.
Sus
Obras