SARA GIMENEZ
Galeria Eboli - 5 de
Febrero 2009 al 3 de Marzo 2009
 


Sara Giménez (Torrubia, Soria. 1958)

Doctora en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia.
Perito ceramista por la Escuela de Cerámica de Manises. Valencia.

EL SUEÑO DE LA RAZÓN
FRANCISCO CALVO SERRALLER

En la ya dilatada trayectoria de la escultora Sara Giménez ha habido una permanente preocupación por lo simbólico, que podría tomar la forma ancestral de elementos arquitectónicos míticos, como la columna, el monolito, la estela, la puerta o el aljibe, pero que también atrapaba imágenes arqueológicas de la memoria arcaica, que no sólo hay que situar en los tiempos míticos de las culturas prehistóricas o de la Edad Antigua, sino en toda suerte de épocas oscuras, donde lo legendario se impone al dominio de la razón clásica, como, por ejemplo, en la Edad Media occidental u oriental. En la todavía reciente retrospectiva itinerante de su obra, que inició su recorrido el año 2000 por varias ciudades de Castilla-León, Sara Giménez expresó muy bien ese talante que subyace a su escultura con el título de "Escultura intemporal", marcando así su voluntad de habitar en esos márgenes nocturnos de la radiante temporalidad. En el catálogo de dicha exposición, escribí, por mi parte, un texto, que titulé "Excavación", donde trataba de explicar el sentido moderno y posmoderno de este atravesar el pasado histórico por parte de Sara Giménez hasta emplazarse en los márgenes legendarios del tiempo, asi como su dimensión fabulosa, que es la forma narrativa con que esta escultora extrae el sentido a lo simbólico, forma y contenido. Pues bien, entre las últimas piezas que cronológicamente culminaban esa exposición, ya muy centrada en las manifestaciones vernáculas de la cultura medieval de nuestro país, Sara Giménez ya anunciaba su interés por el universo fantástico de El Bosco, un artista que incrustó el espíritu de la Edad Media en el corazón del mundo moderno y que, como tal, ha mantenido su vigencia durante el siglo XX y mantiene su fascinante atracción hasta la actualidad.
En cierta medida, por todo lo antes comentado, no hace falta conocer al detalle la trayectoria de Sara Giménez para considerar que su encuentro con el genial maestro flamenco entraba dentro de lo previsible. De todas formas, estas citas o encuentros en el tiempo son saltos, cuya mayor o menor previsibilidad literaria requieren, no obstante, una resolución plástica, que es ella misma, de suyo, por naturaleza, imprevisible. Y esto es lo que ha ocurrido con la serie de figuras que Sara Giménez ha plasmado a partir de su personal diálogo con El Bosco, cuya peculiar trama conversacional ella ha explicado en los textos que las acompañan, un poco con la intención de desvelar las claves simbólicas, que, de esta manera, no son ya simplemente lo que los especialistas dicen al respecto, sino, necesariamente, lo que estas interpretaciones afectan a la visión del mundo imaginario de esta escultora. Pero hay más: la novedosa forma plástica como Sara Giménez ha visualizado estos iconos del mítico universo fabuloso de El Bosco, porque, entre otras cosas, ha irrumpido el color pigmentando el alambicado perfil de estas criaturas fantásticas, que toman así una apariencia como de animado bestiario actual. Esta forma de revolver el tiempo deviene así una curiosa deambulación por la que el pasado legendario se confunde con el presente, demostrando, una vez más, que el sueño de la razón, ayer y siempre, convierte lo monstruoso en rabiosa actualidad multicolor, un jardín de las delicias de la fantasía, que no olvida que el principio de los tiempos tiene también un final, el cual tiene que ver tanto con el juicio como con la simple locura.


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