JAVIER RUEDA
Galeria Eboli - 11 de
Diciembre 2008 al 14 de Enero 2009
 


Nació en León. Autodidacta. A los 16 años expone por primera vez en la Diputación Provincial de León. En 1965 se traslada a Madrid. Asiste al Círculo de Bellas Artes. Expone en España y en el extranjero. Su capacidad de búsqueda es siempre una fuente de memoria, A.Manuel Campoy lo define como un pintor de talento extraordinario.
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"El buen pintor leonés, Javier Rueda vuelve al romanticismo, yo no sé hasta que punto ha vivido y pintado ausente de él. No es tan fácil permanecer constantemente fuera del romanticismo. Si entendemos por romanticismo, no una escuela con raíces y parentescos en el movimiento histórico del siglo XIX, a mi me parece un buen signo que Javier Rueda retorne al ser fundamental que es la confesión de romántico. Espíritu, libertad, pasión, rienda suelta a los desahogos y hasta a las alucinaciones.

En esta exposición gozamos precisamente porque esconde cada cuadro su propio y esencial clasicismo formal, los temas predilectos del romanticismo. Los paisajes variados con visible tendencia a la melancolía. Así los jardines, las tapias y rejas que nos invitan a la meditación a veces abriéndose o entreabriéndose hacia el cementerio. Los amarillos de Jaramago con los verdes azulados de las plantas espontáneas.

Otros lienzos presentan una ambientación lumínica otoñal, bajo un baño de declinación crepuscular y cuando las perspectivas se abren hacia el infinito, el pintor no puede menos de modelarlas colocando en primer término una cenefa de tiestos floridos. Hasta el mar revuelto y titánico se somete a esta disciplina, es la lucha del artista clásico para afianzar fundamentos y evitar derrames que hagan inútiles los ademanes heroicos. El finísimo colorista que es Javier Rueda atraviesa una etapa romántica, palabra a la que él tal vez quiere dar un sentido que no coincide del todo con el mío. Siempre será romántico "Ma non troppo", como corresponde a un artista en toda la extensión de la palabra."

GERARDO DIEGO

"Javier Rueda plasma en sus cuadros un mundo de sensaciones íntimas. Su pintura, al menos la que ahora contemplamos, no es la crónica de un territorio, visión de una naturaleza que siente el milagro de cada momento, ser y proyectarse, irse para volver a ser, sino una expresión poética del sentimiento humano; campo de avatares íntimos que se recrean al contemplar un terraplén, la corta de unos planos de terreno o la superficie arbórea, verdores que refrescan los motores sensoriales y nos llenan de congoja porque la memoria siempre tiene sabor agridulce, grato por su caducidad física y por lo perenne en la memoria.
La pintura de Javier es, por una parte vibrante y vigorosa, por la otra remanso de sosiego, charco de sensaciones. Está la realidad de un territorio con todos sus "atrezos" pero la fuerza interna se manifiesta; también está la verdad de simple decorado, habitat, lugar: entonces las realidades escondidas se personalizan, toman nombres y apellidos, se quejan, ríen y cantan. Es el entorno humano como protagonista; la figura que incita, que promueve una conversación y nos llena de ecos nuestros. Al menos así lo entendemos nosotros.
Estamos ante la obra de un pintor importante que se dio a conocer a finales de los años 60 y ha seguido la trayectoria que marca su propio destino, su obra por lo que incita, es una fuente de memoria; alma, libertad, pasión o simples querencias; en ella siempre hay vida."

JOSÉ PÉREZ GUERRA


Sus Obras