Nació en León. Autodidacta. A los 16 años
expone por primera vez en la Diputación Provincial de León.
En 1965 se traslada a Madrid. Asiste al Círculo de Bellas
Artes. Expone en España y en el extranjero. Su capacidad
de búsqueda es siempre una fuente de memoria, A.Manuel
Campoy lo define como un pintor de talento extraordinario.
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"El buen pintor leonés, Javier Rueda vuelve al romanticismo,
yo no sé hasta que punto ha vivido y pintado ausente de
él. No es tan fácil permanecer constantemente fuera
del romanticismo. Si entendemos por romanticismo, no una escuela
con raíces y parentescos en el movimiento histórico
del siglo XIX, a mi me parece un buen signo que Javier Rueda retorne
al ser fundamental que es la confesión de romántico.
Espíritu, libertad, pasión, rienda suelta a los
desahogos y hasta a las alucinaciones.
En esta exposición
gozamos precisamente porque esconde cada cuadro su propio y esencial
clasicismo formal, los temas predilectos del romanticismo. Los
paisajes variados con visible tendencia a la melancolía.
Así los jardines, las tapias y rejas que nos invitan a
la meditación a veces abriéndose o entreabriéndose
hacia el cementerio. Los amarillos de Jaramago con los verdes
azulados de las plantas espontáneas.
Otros lienzos
presentan una ambientación lumínica otoñal,
bajo un baño de declinación crepuscular y cuando
las perspectivas se abren hacia el infinito, el pintor no puede
menos de modelarlas colocando en primer término una cenefa
de tiestos floridos. Hasta el mar revuelto y titánico se
somete a esta disciplina, es la lucha del artista clásico
para afianzar fundamentos y evitar derrames que hagan inútiles
los ademanes heroicos. El finísimo colorista que es Javier
Rueda atraviesa una etapa romántica, palabra a la que él
tal vez quiere dar un sentido que no coincide del todo con el
mío. Siempre será romántico "Ma non
troppo", como corresponde a un artista en toda la extensión
de la palabra."
GERARDO DIEGO
"Javier
Rueda plasma en sus cuadros un mundo de sensaciones íntimas.
Su pintura, al menos la que ahora contemplamos, no es la crónica
de un territorio, visión de una naturaleza que siente el
milagro de cada momento, ser y proyectarse, irse para volver a
ser, sino una expresión poética del sentimiento
humano; campo de avatares íntimos que se recrean al contemplar
un terraplén, la corta de unos planos de terreno o la superficie
arbórea, verdores que refrescan los motores sensoriales
y nos llenan de congoja porque la memoria siempre tiene sabor
agridulce, grato por su caducidad física y por lo perenne
en la memoria.
La pintura de Javier es, por una parte vibrante y vigorosa, por
la otra remanso de sosiego, charco de sensaciones. Está
la realidad de un territorio con todos sus "atrezos"
pero la fuerza interna se manifiesta; también está
la verdad de simple decorado, habitat, lugar: entonces las realidades
escondidas se personalizan, toman nombres y apellidos, se quejan,
ríen y cantan. Es el entorno humano como protagonista;
la figura que incita, que promueve una conversación y nos
llena de ecos nuestros. Al menos así lo entendemos nosotros.
Estamos ante la obra de un pintor importante que se dio a conocer
a finales de los años 60 y ha seguido la trayectoria que
marca su propio destino, su obra por lo que incita, es una fuente
de memoria; alma, libertad, pasión o simples querencias;
en ella siempre hay vida."
JOSÉ
PÉREZ GUERRA
Sus
Obras